martes, 9 de agosto de 2011

Postales Urbanas

Camino por la calle, una calle común y corriente, una calle de barrio, sólo que a dos cuadras de la Av. Corrientes. Camino por la vereda, rota, como corresponde a una calle así, sucia, igualmente.
De pronto, escucho cantidad de pajaritos piando, gritando, cantando, y miro hacia todos lados, a ver de dónde viene ese sonido, y para gran sorpresa de este felino urbano, hay una tienda de animales, donde venden aves.
No sé cuántos años hace que no veo algo así, y antes de poder recuperarme de esa sorpresa, me encuentro con otra: de dentro del negocio sale volando una paloma!!
Paloma solidaria? visitante de presos? hambrienta con intenciones de robar la comida de quienes ahí habitan? o simplemente curiosa como yo?
Sale volando y vuelve al cable donde la esperan sus hermanas.
En fin, "go ahead, make my day"....

martes, 26 de julio de 2011

Cada bicho....

Realmente hay cada bicho caminando por la jungla...
Más allá de ver, aparte de la fauna habitual, una garza blanca en el medio de la nada, o un buho pequeño cazando insectos, o inclusive algo que no sé si era una tarántula o una araña pollito (que pudimos ver gracias a que uno de los guanacos de esa zona iluminó con su celular, para luego ni tomarle una foto ni pisarla, sólo empujarla con el mismo celular para que continuara su camino).
Más allá de eso, digo, hay "visitantes", "turistas" en la jungla, que se acercan con mayor o menor respeto, que tienen o no prejuicios, o que simplemente no notan qué tanto estorban a la vida cotidiana, llenando de preguntas estúpidas un medio en el que perder el tiempo con estupideces no está bien visto (perder el tiempo en algo placentero sí).
En fin, que una foto del camino me sirve para ilustrar lo que hoy siento...

viernes, 8 de julio de 2011

Pumas en la puna

Luego de renovar las alas metálicas, logramos llegar al norte, al noroeste para ser más exactos.
Es verdad que me rompieron una rueda de la valija y me perdieron el necesaire con las cosas de baño y toilette, que apareció recién a la noche, mientras habíamos llegado al amanecer.
También es verdad que descubrimos rápidamente que Güemes es un pueblo ideado y gerenciado por Kusturika, primero cuando llegamos al Hotel, que no sé por qué le pongo la mayúscula, ya que es uno de los lugares más sórdidos que he pisado en los últimos veinte años, incluyendo las villas en donde he caminado, pero que en este caso había que quedarse a dormir y pretender bañarse, lugar en el que daban ganas de no prender la luz para no ver la mugre y lo decrépito del sitio.
Igual de rápidamente aceptamos alojarnos en ese inmenso páramo recién construido para ser próximamente terreno de Jungla, previo pedir permiso al Oso Mayor, así que al menos, lo que limpiamos fue para estrenar bañadera, colchones, sábanas, almohadas, etc.
Así como en casa nos instalamos, pequeño par de gatos domésticos que pretendemos camuflarnos como pumas. Así los jóvenes habitantes de este extraño paraje nos reciben, sorprendidos de que nos organicemos solas el desayuno (con comentario entre ellos "desayuno americano" incluido), pero que después lavemos nuestros platos; extrañados de vernos conectar artefactos para lograr los climas en los que trabajamos, y después exigir, en tono jerárquico, que nos entreguen una escoba para barrer el espacio que ocupamos estos dos días.
Esto es lo primero que ví esta mañana, antes de desayunar:

Pero también habíamos logrado el primer día ir a la ciudad, salir de la - en esta ocasión - aislada Jungla, donde no sólo charlamos por largo rato con un "pibe" que se había rehabilitado en una cuasi secta, de la que hablaba profusamente, elogiando la importancia que para él tenía el hecho de que Ellos tomaran las decisiones por él, ya que él se había equivocado tantas veces en su vida, no importa que hace 7 años que comenzó su tratamiento; también ahí, tuvimos encuentros cercanos no del tercer tipo, sino sanitarios, por ejemplo con una persona en un baño de un bar, que dedicó más de media hora a charlar con una de nosotras sobre, cómo se había formado como enfermera en la Gran Manzana, terminando con un efusivo deseo de "buena estadía", al mismo tiempo que hacíamos uso de las instalaciones en cuestión.
Ahí, obviamente, como buenos bigotones turísticos que somos, nos hicimos la foto de rigor, que sigue ahora:
La vida siguió manteniéndose en el mejor estilo Kusturika, cuando ayer, para volver a nuestro apartado alojamiento, tomamos un remís, que se caía a pedazos, literalmente, es decir, cada 2 o 3 cuadras, hacia "crak", como si se estuviera rompiendo alguna parte del auto. Para mejor, a mí me cuesta entender el acento local, con lo que no me extrañaba no entender lo que mi hermana hablaba con el chofer. Lo que me extrañó fue el tono de ella cuando le preguntó: "de la India sos???".
Sí, estimados, de la India, como si fuera un taxista en Nueva York. No se le entendía más de la mitad de lo que hablaba, y no contestaba más de la mitad de las preguntas que le formulamos.
Sólo hoy, charlando con locales del Pueblejo, nos enteramos que hay una importante comunidad hindú radicada en este lugar en particular, no en la ciudad capital, sino en este mismo e importantísimo pueblejo; que hace más de 30 años que se han establecido acá, y que son considerados personas muy gentiles, trabajadoras y amables.
En fin...
Seguimos

domingo, 3 de julio de 2011

Vuelvo a casa

Amanece en la ruta...
Segunda vez, (tercera?) que miro el amanecer haciendo un trayecto importante sobre ruedas en vez de volando.
En este y el anterior amanecer, resulta que despertarme temprano me es placentero,a diferencia con el resto de mi vida.
Acá, por segunda vez, disfruto del dormir de los demás mientras prolijamente me hago la toilette, me peino, lavo y acomodo como pequeño felino doméstico que soy.
Sí, quisiera un café, pero esta vez no entiendo dónde ni cómo obtenerlo, será la poca experiencia en viajes así.
Y esta vez, no me relacioné con nadie aparte de la hermana que viaja conmigo.
Ella duerme.
Satisfechas ambas de habernos sentido en casa, mimadas, cuidadas, queridas y atendidas, por el pedacito de familia que hemos construido ahí; contentas de haber logrado un espacio entre águilas, guanacos, orangutanes, buhos, pumas, algunos jóvenes y otros no tanto, de haber capeado los embistes de groseros cerdos y de serpientes que parecen haber perdido la razón...
Pero mucho más contentas de haber logrado, justo antes de terminar el viaje, sentarnos juntas, solas, y hablar, y desarmar los nudos y marañas que se habían formado entre nosotras, y sacar esas telarañas para poder, entonces, abrazarnos y disfrutar juntas de lo que habíamos hecho y vivido.
Vuelvo a casa...

jueves, 23 de junio de 2011

En el camino...

Aproximadamente 22 de Junio. Hace un rato eran las 7 de la mañana. Recién estábamos en Bahía Blanca, a pesar de haber viajado ya 11 hrs.
Ok, dormí, curiosamente una sola noche sin la placa de bruxismo es suficiente para despertar con una vincha apretada en la cabeza.
Desperté, pensé en la linterna, la encontré!!
Me lavé cara y dientes, me hice la trenza, y cuando el chofer paró en Bahía, otro caradura y yo bajamos a través de la cabina del conductor a fumar, a pesar de las intenciones del chofer, que claro, no abrió la puerta del pasaje.
Unos minutos, medio pucho, y la historia de quien viaja desde Orán, Salta ("casi frontera con Bolivia" dice) hasta Río Gallegos, a conocer a una chica que conoció en Internet, y también para ir a no-me-acuerdo-qué-pueblo en Ushuaia, lugar al que refiere como "no me resigno a no vivir ahí". Mmmm, de Salta a Ushuaia, soñando con vivir ahí, de Orán a Gallegos, a conocer una chica.
Tomo después un café en la oscuridad, sorprendente, no era tan feo como creí sería.
Casi todos duermen. Cada uno una historia, seguro, cada quien por algún motivo, dispuesto a pasar 20, 24, o 36 horas en un omnibus, rumbo a zonas cercanas al desastre de las cenizas del volcán chileno. Cada uno con su viaje, viajando en la oscuridad.
Mientras, yo escribo con la linterna, dirigiéndome a trabajar en lo que sé y me gusta hacer, pero también, rumbo al lugar donde mi socio aceptó que podría ser el lugar donde viviremos al jubilarnos. Mezcla de gustos, balance de necesidades: frío, patagónico, poco poblado, y al lado del mar.
Ah, el mar, allá vamos!!!

viernes, 17 de junio de 2011

Back to the Chaingang

Alegremente he vuelto al hormiguero central, donde, a diferencia del resto de los mortales, me siento totalmente en casa.
Por lo tanto, he vuelto, también alegremente, al subte, que nunca deja de asombrarme.
La chica que me ofrece el asiento, no sé si por vieja o por gorda - pensando que estaré embarazada!
El joven oficinista desparpajado, hundido en un libro, que al mirar atentamente, resulta titulado "La Anatomía en la Escultura Renacentista".
Nadie mira a nadie. Ni aún cuando un varón elige darme el asiento antes que usarlo él, y mientras me siento afirmo: "y luego dicen que no quedan caballeros". Ni siquiera él me mira.
Viejo Subte A, vagones "de entonces", que debieran ser patrimonio histórico (no se si lo son) pero seguir funcionando, como ahora. Pedazo de nostalgia de una madera que cruje suavemente al bambolearse en las curvas de esos, primeros, rieles.
Quedar detenidos porque en la estación siguiente alguien tuvo un ataque de epilepsia, y el empleado que nos insta a bajarnos porque "la ambulancia puede tardar 5 horas", quien obviamente desapareció cuando en 15 minutos reanudamos la marcha los testarudos que nos quedamos sentados.
En fin, caminar sonriente por el medio del hormiguero de Florida, mientras todos los demás se preguntarán por qué uno sonríe...
Como diría el Terminator: "I´m back!"

jueves, 19 de mayo de 2011

Una semana entre una manada de hembras

Intensa, la Jungla, como siempre
esta vez, disfrutando de la particular diferencia de incluirnos y ser aceptadas por una hermosa mezcla de fieras hembras, algunas cachorros de puma, algunos teros, alguna vieja lechuza, varias cachorritas de tigre...
la fiereza, la suavidad, la vulnerabilidad mezclada con esta capacidad que las hembras desarrollan par poder tener crías y cuidar de ellas, este equilibrio sutil entre el zarpazo y la disposición de lamer las heridas, propias y ajenas...
llenas de emoción transitamos este paraje de la Jungla, llenas de sentimientos, de lágrimas, de afirmaciones muy serias respecto a la forma en que se paran sobre sus patas, sus garras, sus suaves pezuñas de cervatillas...
una delicia, una responsabilidad enorme, recibir tanto, tanta intensidad emocional, tanta entrega, tantas ganas, tanta confianza, tanta apertura...
mientras tanto, discutir con cerdos y vacas que simulan tener un espacio que les corresponde en la Jungla, mientras uno nota que lo que no es del mar, en este caso, el mar debería haberlo escupido hace tiempo.
En fin, que la vida no es fácil en la Jungla, que acercarse y adentrarse lleva, curiosamente, a tomarle cariño a las fieras, particularmente a las pequeñas y jóvenes hembras, a sentir el deber de contribuir a cuidarlas.
Gracias, querida Jungla, por permitirnos cruzar la frontera y quedarnos dentro el tiempo suficiente para que nosotras, pequeños animales domésticos, podamos aprender de las fieras, podamos establecer vínculos de cariño con ellas, y quizá, espero, corresponde, deberíamos, poder cuidarlas.